Río Negro
Famoso afluente de aguas negras, con agua oscura color té, arena blanca fina, hojarasca y crecidas estacionales que inundan el suelo del bosque.

Hábitat natural y origen
El Río Negro, el mayor río de aguas negras del mundo, es un paisaje etéreo de obsidiana líquida. Sus aguas, extraordinariamente ácidas y pobres en minerales, adquieren un tono caoba oscuro y translúcido por el enorme volumen de materia vegetal en descomposición que arrastra de la selva circundante. Bajo la superficie, el mundo es puro contraste: arenas silíceas de un blanco brillante relucen a través del agua oscura, mientras vastas alfombras de hojas caídas forman un lecho blando y susurrante.
Es un entorno de baja energía donde el tiempo parece ralentizarse. En los rincones sombreados del igapó, las raíces nudosas de árboles gigantes se hunden en el agua y ofrecen el único anclaje estructural en un mundo por lo demás fluido. Aquí no hay corrientes rápidas: el agua se desliza despacio por el suelo del bosque, libera taninos con suavidad y crea un hábitat a la vez duro e increíblemente hermoso. El aire es espeso de humedad y el silencio sumergido solo se rompe con el chapoteo ocasional de algún habitante que sube a la superficie de este santuario extraordinario de aguas oscuras.
Plantas
Adaptadas a la acidez extrema y a la escasez de minerales del Río Negro, estas especies resistentes se aferran a raíces sumergidas y a restos flotantes.
Hardscape
Arenas de un blanco llamativo y capas densas de hojas de catappa o de roble son imprescindibles para lograr la estética de alto contraste del Río Negro.
Peces e invertebrados
El Río Negro es la joya del acuarismo: hogar de los tetras cardenales más vistosos y de cíclidos enanos esquivos que brillan contra el agua oscura.



















